Poniendo la mejor cara posible al último viaje

Para quien no esté acostumbrado a hablar de la muerte, la naturalidad con la que lo hace Eduardo Martínez puede resultar estremecedora. Bien es cierto que juega con ventaja: es el gerente del Tanatorio de Arosa y experto en tanatopraxia, una especialidad en la que resulta complicado formarse en España y que considera imprescindible. Su iniciación en esta práctica vino precisamente del vacío que encontró a su alrededor. «Me di cuenta de que en el caso de las muertes traumáticas, como accidentes de tráfico o laborales, suicidios… no se le daba a las familias la opción de despedirse para evitar que viesen los cuerpos», indica Martínez, que consideran que la despedida es un paso fundamental para pasar página. «Había una necesidad de arreglar esto», asegura. Para afrontar el problema puso rumbo a Salamanca: «Como gerente veía limitaciones formativas para hacer frente a este problema y decidí buscar algún curso con el que ponerme al día en las técnicas de tanatopraxia».

El curso de iniciación de Salamanca le supo a poco. Corría el año 2004 y las 172 horas de clase no le parecieron suficientes. «A pesar de que adquirí unos conocimientos que no tenía se me hizo muy básico», señala. La laguna principal la encontró en la reconstrucción, probablemente la práctica más complicada que puede realizarse sobre un cadáver. Su perseverancia por aprenderla le llevó a Valencia en el año 2013. Acababa de ser padre, pero el prestigio de la academia Osiris hizo que no se lo pensase dos veces e hiciese las maletas. Un año después, volvía a hacerlas. Pero, en lugar de a casa, ponía rumbo a París. «Hice las prácticas en Francia, para después examinarme en Hamburgo en la prueba convocada por la Asociación Europea de Embalsamadores», recuerda. Fue el inicio de su regreso a Vilagarcía y de su ingreso en la asociación española para trabajar con sus integrantes en la aprobación del certificado de profesionalidad que permite a los tanatopractores firmar las actas de embalsamientos. En el caso de la Galicia, Agasef consiguió que se reconociese esta figura a finales del 2014.

Estudios

La insistencia de Martínez por incluir este servicio en su tanatorio deriva, en parte, de la lectura de varios estudios psicológicos que aseguran que «la despedida en una muerte traumática es imprescindible». Algo que no casa con la recomendación de no ver los cuerpos cuando pueden distorsionar la imagen que los familiares tienen del fallecido. «Todo se puede reconstruir, es solo cuestión de dedicarle tiempo», asegura el tanatopractor arousano. Pero, el tiempo aparece, según detalla, como el mayor enemigo de esta práctica. «En España hay la costumbre de enterrar al difunto cuanto antes mejor», señala. Una realidad contra la que intenta luchar porque está convencido de que esa despedida necesita hacerse con calma: «Somos, juntos a Italia y Portugal, el país europeo que menos tarda en celebrar el entierro». Algo a lo que suma las horas de trabajo que conllevan determinadas reconstrucciones. «La de un cráneo, por ejemplo, son un mínimo de quince horas», explica Martínez.

«Hay que agudizar el ingenio», cuenta sobre los materiales a utiliza. Silicona protésica, mallas metálicas y plástico son solo alguno de los materiales que utiliza. Además, «trabajamos mucho con laboratorios, farmacias y ferreterías para nutrirnos». A mayores de la reconstrucción, realiza el resto de prácticas que forman parte de la tanatopraxia. «Comenzamos por el lavado y desinfección de todas las cavidades del cuerpo, para luego pasar a las de conservación y al cuidado estético», explica. Los detalles de cara a la despedida vuelvan a cobrar importancia. «Es recomendable que la cara y las manos queden a la vista porque son las partes del cuerpo humano en las que solemos mostrar el afecto hacia otras personas», relata.

Sobre la contratación de personal con esta cualificación, señala que «es realmente complicado». ¿El motivo? «Hay academias que imparten cursos, pero la programación y el nivel no son buenos», asegura. Y eso que «cada vez hay más demanda».

Estudió en Salamanca y Valencia para después examinarse en Hamburgo.
Reconstruye los cuerpos de las personas que murieron de una forma traumática.

 

Fuente: La voz de Galicia