Los muertos ‘reviven’ en sus manos

En marzo del año pasado, Ecuador enmudeció. Un accidente aéreo segó la vida de 22 militares en la Amazonía. La doctora Daniela Ocampo fue la encargada de maquillar y tratar los cuerpos de los oficiales. “Tenían totalmente perdida la fisonomía. Como profesional, para mí supuso una tranquilidad poder restablecer sus rostros y que pudieran ser velados”, relata a EXTRA.

Su oficio es poco conocido. En esencia, consiste en la conservación, higienización, reconstrucción, embalsamamiento y maquillaje de los difuntos. Y cumple una importante función social, ya que permite a los allegados despedirse de sus seres queridos de la forma más amable posible. Así que la responsabilidad del especialista es muy alta: tiene que intentar revitalizarlos tanto como le sea posible.

Edwin Salazar ingresó a la Sociedad Funeraria Nacional a los 18 años. Comenzó haciendo tareas de limpieza, después fue chofer y, poco a poco, aprendió tanatopraxia. Ahora adora la paz y la soledad que le rodean en la sala de operaciones.

“Empecé gracias a los compañeros. Me indicaban qué debía hacer, aunque no a fondo porque difícilmente alguien te cuenta todos los secretos del oficio”, admite.

Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que la intimidad compartida con los cadáveres debía ir acompañada de un gran respeto hacia estos. Su peor fantasma es operar con bebés, a quienes se aplica una inyección hipodérmica para formolizarlos.

Por más sereno que intenta mantenerse, no puede evitar que la imagen de sus dos hijos le venga a la cabeza y elucubre con lo que sucedería en caso de que fueran ellos quienes estuviesen en sus manos en ese instante.

“Se me hace muy duro. Antes, por ejemplo, llamábamos a tanatopractores externos para esos trabajos. Pero estoy capacitado y si me toca, los realizo”, atestigua.